Los cinco contenedores de basura devueltos a España por Malasia

Hace unos meses, Wei Kiat, un activista de Greenpeace, se acercó a un vertedero de Kuala Laga, un distrito al suroeste de Malasia. Su misión era buscar envases de plástico de países europeos que habían llegado hasta el sudeste asiático para acabar, en teoría, en una planta de reciclado y no para ser quemados. Y Wei pudo fotografiar centenares de plásticos llegados de Europa. Incluso de España. Envases de leche de almendras, de galletas María, de toallitas húmedas, de Coca-Cola Zero, queso rallado de El Caserío… paquetes españoles cuyas empresas productoras pagan un impuesto por ley para que se reciclen. En cambio, muchos de ellos acaban en vertederos a más de 10.000 kilómetros. «Los países ricos usan a Malasia para tirar la basura que ellos no quieren», denuncia Wei.

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Pero el Gobierno del país asiático ha dicho basta. Malasia no quiere ser el basurero de plásticos del mundo. Y menos después de comprobar que muchas de las empresas que les mandan estos contenedores falsean la documentación de los plásticos que llevan. Los presentan como «reciclables», cuando en realidad no lo son. Por ello Yeo Bee Yin, la ministra de Energía y Cambio Climático, ha anunciado esta semana que devolverá 3.000 toneladas de plástico no reciclable a sus países de origen.

Sigue el ejemplo de lo que logró hace unas semanas Filipinas, el otro principal vertedero para los países ricos, que consiguió que Canadá aceptara recibir de vuelta 103 contenedores que les enviaron hace cinco años como plásticos reciclables, pero que en realidad contenían desde pañales usados hasta electrodomésticos.

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Ahora Malasia pretende luchar, como ha hecho Filipinas, contra lo que han llamado «contrabando de desechos de plástico» por parte de los países desarrollados. El cambio en el sudeste asiático empezó por culpa de cinco contenedores con plástico contaminante que llegaron desde España.
Plástico de España que acaba en vertederos de Malasia. Desde un paquete de leche de almendras hasta un envase de galletas María.GREENPEACE

Los hechos se remontan a noviembre de 2018. Las aduanas españolas detectaron, en el puerto de Valencia, un cargamento de residuos presentado como «reciclables» que podía adolecer la falta de documentación correspondiente. Se instó entonces a la empresa a que presentara la documentación reglamentaria al Ministerio para la Transición Ecológica y se retuvo la mercancía. La empresa no consiguió presentar unos papeles que convencieran a las autoridades. Por ello los agentes del Seprona recibieron órdenes de inspeccionar la mercancía. Pero, para su sorpresa, cuando llegaron al puerto de Valencia el barco con los contenedores ya había partido hacia Malasia sin ningún tipo de autorización.

El carguero llegó dos meses después al Puerto de Klang (Selangor), tras hacer más de 15.000 kilómetros surcando el Atlántico y el Índico. Al arribar al puerto asiático, las autoridades malayas comprobaron que los residuos habían sido mandados ilegalmente al país. Además, al inspeccionar los contenedores, detectaron plásticos troceados con pequeñas virutas de aluminio. «Estos desperdicios que nos han enviado desde España violan el Convenio de Basilea, firmado por 180 países [y modificado este mes para regular este tráfico] y que prohíbe la exportación de materiales no reciclables», denunció la ministra Yeo Bee Yin, comunicando que devolvería estos contenedores al puerto donde había salido.

El 29 de abril el barco partió con la basura española de vuelta a Valencia. «Hemos abierto un expediente sancionador a la empresa que envío esos contenedores», asegura a Crónica una portavoz del Ministerio para la Transición Ecológica, sin querer dar más detalles de la compañía que envió la mercancía. «El Seprona está investigando lo sucedido y estamos en contacto con las autoridades de Malasia para ver si hay más empresas españolas que estén mandando a ese país residuos no reciclables», sentencia.

El barco con contenedores españoles no va ser el único que va a hacer el viaje de ida y vuelta estos días. Malasia ya está devolviendo 450 toneladas de residuos contaminados a países como Australia, Estados Unidos, Arabia Saudita o Japón. «Se trafica con basura con el pretexto del reciclaje. Los malasios tienen que sufrir el aire de mala calidad debido a la quema de plásticos que provocan problemas de salud. Seguiremos deshaciéndonos de las importaciones de estos residuos», advirtió la ministra.
Viaje de ida y vuelta del barco español con cinco contenedores de plásticos.EL MUNDO

Desde que China prohibiera en julio de 2018 la llegada de «basura extranjera», interrumpiendo un flujo anual de siete millones de toneladas, muchos de estos plásticos que el gigante asiático ya no compra se acumulan en fábricas y vertederos de otros países como Malasia, hoy convertida en el destino favorito de los países ricos para dejar su basura. Más de medio millón de las 300 millones de toneladas de plástico que se producen en el mundo (según el Fondo Mundial para la Naturaleza) acaba en este país.

Incluso China ha pasado de recibir estos plásticos a mandar los suyos en barco hasta Malasia, que también se los devolverá estos próximos meses. Porque no pueden sostener que sus importaciones de plástico se hayan triplicado en tres años. En 2018 les llegaron por mar 870.000 toneladas. En 2017 fueron 316.600. Y en 2016, 168.500. Los barcos que cruzan el Pacífico con basura de Estados Unidos son los más numerosos en los puertos malayos (195.000 toneladas el año pasado). Después están los contenedores con plásticos de Japón (104.000) y de Reino Unido (95.000). Y en octavo lugar estaría España, con más de 20.600.
NEGOCIOS DE RECICLAJE

La basura se acumula y muchos malasios han visto una oportunidad de negocio montando fábricas dedicadas al reciclaje. El problema es que muchas no tienen ningún tipo de licencia [el Gobierno ya ha cerrado 150 de estas plantas ilegales] y que la mayoría del plástico que les está llegando es de tan baja calidad que no es reciclable. Por ello acaba en vertederos como el de Kuala Laga, donde el activista Wei Kiat encontró una montaña de envases de España que se iban a quemar, liberando sustancias químicas tóxicas a la atmósfera. Allí los residentes comenzaron a denunciar una tos constante, problemas de garganta y la súbita muerte de los peces y las gambas que criaban en sus viveros.

Otro ejemplo lo encontramos en el Puerto de Klang, donde la basura que llega en contenedores se acumula en su entorno. Las autoridades no han admitido una relación directa, pero en Klan se registró un incremento del 42% en los casos de dengue (infección vírica transmitida por mosquitos) en 2018.
Contenedores de plástico no reciclable en el puerto de Klang.

«España es el noveno país del mundo que más desechos envía fuera de sus fronteras. Los plásticos que intentamos reciclar aquí son de tan baja calidad que algunas empresas de reciclaje están cerrando y otras los están mandando a Asia. Y no hay ningún control del Gobierno ni datos al respecto», denuncia Julio Barea, responsable de la campaña de plásticos de Greenpeace.

«La gestión de estos plásticos no es una competencia estatal, sino de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos. Estos residuos son de empresas particulares que se dedican a comprarlos en las plantas donde se separan los plásticos. Los compran para reutilizarlos o para venderlos a otros países. Son negocios de empresas privadas», responden desde el Ministerio para la Transición Ecológica, que reconoce que no tiene datos de las exportaciones de estos residuos pero que está haciendo «un diagnóstico de la situación» para acercarse a «unos datos fiables».

Las últimas cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), España recicla el 33,5% de lo que se recoge, aunque, en cuanto a envases domésticos, el porcentaje de lo que reciclamos ascienda al 70%.

Julio Barea, de Greenpeace, detalla cómo funciona toda la cadena. «En tu ciudad tiras tus envases al cubo amarillo. Los trabajadores del Ayuntamiento lo recogen y lo llevan a la planta de tratamiento. Allí se recupera lo que se puede, los envases que tienen el llamado punto verde, que es lo que ha pagado el productor para que se recicle. Y el material que sale de la planta de reciclaje le pertenece a Ecoembes (organización medioambiental sin ánimo de lucro, aunque desde Greenpeace la describen como una empresa formada por más empresas que venden y distribuyen envases). Ecoembes se los vende luego a los recicladores. Seguramente a partir de esas empresas se debe tirar del hilo. Porque no sabemos qué hacen con esos residuos».

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística apuntan a que se recogen anualmente cerca de 22 millones de toneladas de residuos. La mayoría los gestiona Ecoembes, que tiene 84 convenios con las administraciones públicas.

«En España, con la política de residuos, la legislación se ha quedado obsoleta. Y algunos sistemas, como el de Ecoembes, son insuficientes. Ellos hablan de unos niveles de reciclaje que luego la Comisión Europea pone en cuestión y dice que España no cumple», dice Juantxo López de Uralde, diputado de Equo en el grupo parlamentario Unidas Podemos.
SIN DATOS

«Cuando China cerró sus fronteras al plástico nosotros preguntamos en el Congreso qué iba a pasar con los residuos que les estábamos exportando. Los datos que nos dio el Gobierno hablaban de más de 200.000 toneladas de residuos plásticos que mandábamos a China. [Según datos del Instituto Español de Comercio Exterior, en el año 2016 (el último período completo del que hay datos) se exportaron a China un total de más de 138.000 toneladas de desechos, desperdicios y recortes de plástico]. Pero otras fuentes más informales decían que los datos eran mucho mayores», añade López de Uralde.
Gráfico hecho por Greenpeace de las rutas de los países que mandan barcos llenos de plásticos hasta Malasia.

«Hay que investigar bien porque España está usando de vertedero a países como Malasia. Alguien está cobrando un dinero por el tratamiento de estos residuos plásticos y, en cambio, los está subiendo a barcos y mandándolos a otros países. El problema es que la gestión de residuos en España está envuelta en mucha imagen bonita y mucho cubo amarillo. Pero luego no se puede reciclar correctamente porque hay muchos tipos de plásticos mezclados que habría que pasar por un tratamiento diferente y eso es muy caro».

Ahora Malasia ha conseguido ganar la guerra de la basura a España y a otros países devolviéndoles sus contenedores de plásticos, como ya hiciera Filipinas con Canadá. Porque ya no quieren ser el vertedero de los países ricos.

Araceli Mendoza

Araceli ha estado creando y administrando contenido durante más de una década. Tiene una amplia experiencia en el desarrollo de materiales de mercadotecnia, comunicaciones corporativas y relaciones públicas en una variedad de campos que incluyen finanzas, banca, recursos humanos, turismo, educación y administración de ONG. Su especialidad es dar sentido a las complejidades de las grandes empresas.
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Sobre Araceli Mendoza

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