Paz Esteban, la nueva gran jefa del CNI

Capítulo íntegro que Pilar Cernuda dedicó a la nueva directora del Centro en funciones en su libro ‘No sabes nada de mí. Quiénes son las espías españolas’, publicado por La Esfera de los Libros en 2019.

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Es la quinta mujer que ocupa la Secretaría General del CNI. Accedió en junio de 2017 y previamente había estado al frente del gabinete técnico del director, trabajando codo a codo con el general Sanz Roldán y con su antecesora, Beatriz Méndez de Vigo. Conocía por tanto muy bien en qué iban a consistir sus nuevas responsabilidades.

Tiene aspecto de dinámica, de mujer resolutiva, que toma decisiones. Y aspecto también de que le gusta más la actividad de calle que el despacho, pero ahora le toca despacho y se empeña en que su gestión sea perfecta.

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Paz Esteban entró en el CESID en el año 83, un punto de no retorno cuando se abrieron las puertas a la incorporación regular de las mujeres en el Centro. El primer día que llegó, temblando, el que iba a ser su jefe -ella no sabía cómo iba a reaccionar al ver a una mujer- le dijo: «Esto es un servicio y a servir es a lo que vienes aquí». Esa vocación de servicio, explica, es lo que tiene interiorizado todo el que trabaja en el CNI. «Unos valores, unos principios, un código ético que nos transmitimos unos a otros: lealtad, disciplina, discreción, espíritu de sacrificio, sentido del deber… Que es lo que nos hace diferentes, porque aunque es verdad que son principios que tienen otros profesionales, nosotros los tenemos muy profundamente arraigados como parte consustancial de nuestro oficio».

Licenciada en Historia Antigua y Medieval, preparaba oposiciones para Archivos, Bibliotecas y Museos y había hecho ya dos de los exámenes cuando un primo de su padre que formaba parte del CESID le ofreció la posibilidad de trabajar en un ministerio. La citaron primero en un lugar, luego en otro, creía que la estaban evaluando para el Ministerio de Asuntos Exteriores. Califica de «durísimas» las pruebas que tuvo que superar, coincide en esa apreciación con el resto de los entrevistados, y finalmente fue aceptada y empezó a trabajar en el 83 con otras mujeres a las que dieron funciones directivas, «porque éramos licenciadas universitarias».
MUJERES EN EL ESPIONAJE

Cuando entró en el CESID ya se habían incorporado algunas mujeres en tareas administrativas y unas cuantas más en los grupos operativos, «porque hacían falta allí». «Manglano opinaba que eran necesarias mujeres que se movieran con naturalidad en cualquier sitio. Lo cierto es que fue un visionario, se adelantó a su tiempo y no le importó que le pudieran criticar por colocar a mujeres en puestos directivos. Todos los que le conocimos sentimos auténtica admiración por Manglano, dio la vuelta a esta casa, tuvo una gran visión de futuro. Modernizó el servicio, lo dotó de tecnología, nos abrió al mundo, inició las relaciones con servicios de otros muchos países… Empezó a lanzar gente al extranjero y nos dotó de una legislación y un estatuto, aparte de construir esta sede que hoy seguimos ocupando».

Desde la ventana de su despacho, Paz muestra el edificio de enfrente, el Centro de Situación, cuyo núcleo es una gran sala llamada teniente general Emilio Alonso Manglano: «Es nuestro particular y privadísimo homenaje».

En el CNI todos los honores y todas las conmemoraciones se hacen de puertas para dentro. También en el recinto de la carretera de La Coruña se encuentra el monumento levantado en recuerdo de los miembros del CNI que fueron asesinados en Irak en acto de servicio, el hecho que, como hemos señalado, conmocionó a todos y cada uno de los miembros del Centro, que consideran ese episodio como el más trágico de su historia.

Sales a la calle, buscas fuentes, contactos, conoces instituciones… Para conseguir la mejor información

Paz trabajó como analista en cuestiones internacionales. «Al poco de ingresar hice el curso general de inteligencia, pero la formación específica fue ya en el puesto de trabajo, integrada en un equipo que te enseñaba qué hacer y cómo hacerlo. Sales a la calle, buscas fuentes, contactos, conoces instituciones… Para conseguir la mejor información, la más exclusiva, que después contrastamos, procesamos y analizamos, y con ella elaboramos un informe que va al Gobierno. Informe que tiene que ser lo más completo, riguroso y objetivo posible; sin opiniones, recogiendo solo hechos contrastados y, además, condensado en poco espacio. De lo que se trata es de dar a la autoridad los elementos de juicio que le permitan tomar decisiones. En mi caso, siempre en el ámbito internacional. ¿Instrumentos? Los fundamentales, la gente que tenemos en el extranjero y que tiene sus propias fuentes, más las que conseguimos cada uno de nosotros, más la información que nos proporcionan los procedimientos de adquisición propios del Centro y más la colaboración con otros servicios con los que compartimos unos mismos intereses, amenazas y riesgos comunes. Lo que pretendemos es acceder a la información que no es pública, la información restringida, secreta a ser posible».
LARGA CARRERA EN EL CNI

Recuerda los años en los que trabajó como analista: «Mi época en inteligencia coincidió con unos momentos interesantísimos, la etapa final de la Guerra Fría, la caída del Muro, la desaparición de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, todo lo que ocurrió en los 90. Una década que fue definitiva para la construcción europea. Luego los atentados del 11-S y el 11-M… Este trabajo te da una visión de la historia reciente del mundo muy completa». ¿Cómo se buscan las fuentes en el sector de la información internacional? «A veces, las menos, directamente vas como CNI; otras, utilizando la cobertura que más convenga para acceder a los entornos en los que está la información que necesitas, o bien recurriendo a personas de confianza, que saben quién eres y que te introducen en los círculos que te interesan. Suena a tópico, pero sinceramente, ser mujer y joven abre muchas puertas, porque la mayoría de los hombres no desconfían».

«En lo relacionado con el trabajo de inteligencia, de análisis, operativo, técnico o de obtención me cuesta hacer diferencias entre hombres y mujeres, no las hay. Pero sí existen en un aspecto muy concreto: en cómo se ejerce el mando. Nosotras somos más cercanas, más empáticas, más comprensivas, tenemos mayor facilidad para ponernos en el lugar del otro, abrimos más el foco. Ni nos falta firmeza, ni decisión, ni valentía… Pero la cercanía sí es una característica de las jefas, como también lo es, y lo he podido comprobar, su disposición a dar una segunda oportunidad a las personas».

Somos más cercanas, más empáticas, más comprensivas, tenemos mayor facilidad para ponernos en el lugar del otro

«Ahora, cuando vuelvo la vista atrás, me doy cuenta de que la perspectiva del tiempo te da la posibilidad de comprender cosas que en su momento no entendiste, como por ejemplo las reticencias con que nos recibieron los militares cuando ingresamos a principios de la década de los 80. Nuestra sociedad de entonces no tenía nada que ver con la actual, y ellos eran personas que en muchos casos jamás habían trabajado con mujeres, excepto, como mucho, con alguna secretaria y, en todo caso, siempre con subordinadas, nunca en su mismo plano. Llegamos para ocupar puestos de un nivel que hasta ese momento estaban reservados a miembros de las Fuerzas Armadas, y si efectivamente hubo ejemplos de machismo o de paternalismo, que los hubo, con el tiempo te das cuenta de que lo que ocurría es que no sabían cómo tratarnos, ni como profesionales, ni como personas».

Explica que «hubo alguno que se fue del Centro porque no aceptaba ser mandado por mujeres». «No me pasó, pero ha pasado. Para entender bien todos aquellos recelos, hay que tener en cuenta también la diferencia de edad, éramos bastante más jóvenes que nuestros compañeros militares y, además, no teníamos una trayectoria profesional tan amplia como la suya».

¿Su mayor preocupación como secretaria general? «Lo que más me preocupa son los problemas de personal, sin duda. Los profesionales se pueden gestionar siempre, con más o menos acierto, pero cuando te enfrentas al problema de un compañero, al que conoces, es más difícil de resolver. Aquí estamos muchas personas, más de 3.000, con procedencias y formación muy distintas, y hay que conseguir que al hacer su trabajo se sientan cómodos, ilusionados, con expectativas. El nuestro es un trabajo que exige mucho, estresante, sacrificado; y piensas que lo que les ofreces no siempre es suficiente para alimentar su interés y su motivación, que no colmas sus aspiraciones. En estos temas nunca se puede bajar la guardia, porque hay que ser justo y porque los errores en materia de política de personal se pagan caros y tienen consecuencias tanto para los individuos como para la propia organización».
«UN TRAIDOR ES LO PEOR»

¿Qué opina de los traidores? Porque los ha habido… «Un traidor es lo peor que le puede pasar a un servicio de inteligencia. No ha ocurrido con ningún compañero con el que haya coincidido en los destinos que he tenido, pero claro que ha habido algún caso. ¿Roberto, el canario? Fue un caso extremo y de ahí que fuera juzgado y condenado. ¿Que si sería capaz de detectar a un traidor? Personalmente, no me creo capaz por mí misma, no soy tan hábil, pero el servicio como tal sí lo es y tiene sus mecanismos para descubrirlos».

Personalmente, no me creo capaz de detectar a un traidor por mí misma, no soy tan hábil, pero el Servicio sí lo es

«En esta casa he tenido una suerte enorme -continúa-, por lo que he conocido, por la gente que he tratado, dentro y fuera, y por los temas que han pasado por mis manos. Este Centro me ha tratado muy bien. He sido jefa de área de inteligencia, he estado al frente de órganos de coordinación, de estrategia y de planeamiento, de gabinetes que, en definitiva, son un poco la cocina del servicio. En los gabinetes, y esto es un privilegio, ves todo lo relacionado con la organización y el funcionamiento del Centro en su conjunto. He sido directora del gabinete técnico del secretario de Estado (director) durante siete años, y ahora secretaria general… No tengo más que agradecimiento hacia la institución y hacia las personas que a lo largo de los años han confiado en mí».

¿Por qué las cinco últimas secretarias generales han sido mujeres? «Fue decisión del general Manglano que hubiera mujeres en el Centro, y de Jorge Dezcallar que una mujer, María Dolores, accediera por primera vez a la Secretaría General y, desde entonces, los siguientes secretarios de Estado han optado también por nombrar mujeres para ese puesto».

¿Qué salidas vitales y profesionales hay para una mujer que ha sido secretaria general del CNI? «Pues, por ejemplo, ir a un destino al extranjero, que es lo que hicieron Elena Sánchez y Beatriz Méndez de Vigo. Otra salida puede ser un puesto en la Administración, fuera del Centro, aunque sea temporalmente, como hizo María Dolores, que después volvió; o como el caso de Elena, que, tras su regreso de un puesto en el exterior, se ha ido al sector privado… Mi salida va a ser fácil, porque, por edad, no me queda mucha vida activa y, cuando llegue el momento de dejar de ser secretaria, lo que tengo claro es que me quiero jubilar aquí, en el CNI».

Capítulo íntegro que Pilar Cernuda dedicó a la nueva directora del Centro en funciones en su libro ‘No sabes nada de mí. Quiénes son las espías españolas’, publicado por La Esfera de los Libros en 2019.

Araceli Mendoza

Araceli ha estado creando y administrando contenido durante más de una década. Tiene una amplia experiencia en el desarrollo de materiales de mercadotecnia, comunicaciones corporativas y relaciones públicas en una variedad de campos que incluyen finanzas, banca, recursos humanos, turismo, educación y administración de ONG. Su especialidad es dar sentido a las complejidades de las grandes empresas.
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Sobre Araceli Mendoza

Araceli ha estado creando y administrando contenido durante más de una década. Tiene una amplia experiencia en el desarrollo de materiales de mercadotecnia, comunicaciones corporativas y relaciones públicas en una variedad de campos que incluyen finanzas, banca, recursos humanos, turismo, educación y administración de ONG. Su especialidad es dar sentido a las complejidades de las grandes empresas.

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